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La organización de las empresas, se ha edificado en torno a la figura de un varón con dedicación total. La mujer se dedicaba a las tareas del hogar, sin derechos económicos, jurídicos ni sociales.
Esa imagen hoy ha cambiado. En la actualidad las mujeres también ocupan puestos de trabajo en las empresas, y los hombres, además de su papel tradicional, se emplean en tareas del hogar y en el cuidado de los hijos.
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Desde la empresa se perciben estos cambios como un conflicto (hombre-mujer), como algo ajeno a la empresa y como una amenaza al rendimiento por:
- La insatisfacción laboral
- Plantillas desmotivadas
- Pérdida de personas cualificadas
- La disminución de la productividad.
En España, el tejido empresarial está concentrado en grandes ciudades, principalmente en Madrid y Barcelona. Empleamos más tiempo en los desplazamientos y el encarecimiento de la vivienda hace que sea prácticamente obligatorio tener dos sueldos para el mantenimiento familiar. Como consecuencia, también se alargan más y más las jornadas laborales.
Si contamos como jornada laboral, el tiempo transcurrido desde que salimos de casa, hasta que regresamos del trabajo, España está entre los países europeos que más tiempo dedica a la jornada laboral, esto se ve agravado cuando se considera meritorio alargar la permanencia en al trabajo, cuando a veces ni siquiera es necesario, “estar por estar”
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Niños y mayores dependen de la familia, requieren atención y recursos económicos, pero la ayuda institucional es escasa, faltan servicios sociales (guarderías, centros de mayores,etc..).
Los horarios laborales impactan desfavorablemente en la salud y en las relaciones de pareja. Cada vez hay más personas que viven solas, aumenta el número de familias monoparentales y disminuye la natalidad porque en España resulta más costoso y difícil sacar adelante a una familia, que en cualquier otro país europeo.
El 60% de los encuestados desearía trabajar entre 6 y 8 horas diarias, El 33,5 % valora positivamente el teletrabajo, y ese mismo estudio concluye que la falta de conciliación de la vida personal, familiar y laboral impide el acceso al mercado laboral a un 34,5% de profesionales. La conciliación de la vida personal, familiar y laboral no es un problema exclusivo de las mujeres, ni del ámbito privado, es un conflicto que afecta a toda la sociedad, a todas las personas, empresas e instituciones y reclama una respuesta de todas las partes: agentes sociales, instituciones, administraciones públicas y empresas.
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Desde este artículo, quiero aportar mi granito de arena, diciendo que los motivos aquí expuestos, son fuente de numerosos conflictos personales, familiares y laborales y que no somos culpables de muchas situaciones que se nos presentan a diario, más bien somos víctimas y que tenemos derecho a no hacer todo lo humanamente posible en todo momento.
Me atrevo a recomendar paciencia para entender tanto a los demás como a nosotros mismos, a escuchar de verdad, con atención , a estar en disposición de cambiar de opinión y de participar en la sociedad (asociaciones de padres, deportivas, vecinales, partidos, sindicatos, etc..) para sentir que no estamos solos, que sabemos lo que queremos y que trabajamos por ello.
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